La importancia de la calidad del aire interior


23 diciembre, 2019

¿En qué consiste?

Uno de los aspectos en los que mayor hincapié se está haciendo en la construcción actual, es en la mejora de la calidad del aire interior, un concepto que se refiere exclusivamente a los ambientes interiores no industriales, que se rigen por sus propias normativas sectoriales para cada caso. Hablamos por lo tanto de la calidad del aire interior de los edificios de uso residencial, es decir de las viviendas, de los edificios de oficinas y de los edificios de uso público, como pueden ser colegios, hospitales, locales y lugares de ocio, restaurantes etc.

La mejora de la calidad del aire interior de este tipo de edificios, en los que las personas pasan una cantidad muy importante de su tiempo, cobra cada vez más importancia en una sociedad cada vez más preocupada por la salud de sus miembros. Según la OMS pasamos entre un 75 y un 90 % de nuestro tiempo en espacios interiores. Por lo tanto es fácil deducir el impacto que genera en nuestra salud la mayor o menor calidad del aire de esos espacios interiores que habitamos.

 

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Síndrome del edifico enfermo (SEE)

Todo esto adquiere mayor relevancia si cabe desde que en 1982 la OMS reconoce como enfermedad el “Síndrome del edifico enfermo”, un término que hace referencia a los edificios en los que sus ocupantes experimentan efectos en la salud y el confort relacionados con el tiempo que pasan en el interior de dicho edificio. Estos síntomas son muy variados  y pueden abarcar jaquecas, irritaciones, sequedad de la piel, vértigos… por lo que su descripción sería más propio de un artículo médico, pero sí es importante dejar constancia de esta enfermedad, reconocida por la OMS y relacionada directamente con l calidad del aire interior de los edificios.

 

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Contaminantes

Para poder tener una idea general de lo que estamos hablando nos parece importante ofrecer una clasificación de los contaminantes que nos podemos encontrar en el interior de los edificios.

  • Monóxido de Carbono (CO). Producido por la combustión incompleta de materia orgánica, presente en el humo del tabaco, y originado en tubos de escape de motores de combustión y electrodomésticos mal ventilados.
  • Partículas o materia particulada (PM particulate matter). Una mezcla de partículas sólidas y gotas de líquido presentes en el aire, algunas visibles a simple vista y otras con el uso de microscopio.
  • Humo ambiental de tabaco. Es la mezcla de humo exhalado y liberado por la combustión del cigarrillo.
  • Dióxido de azufre (SO). Perteneciente a la familia de los gases de óxidos de azufre. Se forma al quemar combustible que contiene azufre liberándose en los humos de combustión.
  • Óxidos de Nitrógeno. Producto de la combustión de hornos y aparatos de gas y presentes en el humo del tabaco, soldaduras y tubos de escape.
  • Radón. Gas radioactivo natural, inoloro, incoloro e insípido, producido por la descomposición del uranio, presente en muchísimas rocas y suelos.
  • Compuestos orgánicos volátiles (COV). Compuestos químicos y biológicos caracterizados por su gran volatilidad, o capacidad para pasar  a fase gaseosa. Los principales de los que están presentes en el aire interior son el Formaldehido, Benzeno, Naftaleno, Xaleno, Tolueno y Estireno.
  • Contaminantes biológicos. Producidos por los seres vivos en zonas que les proporcionan agua o humedad y comida, lugares propicios para el crecimiento de hongos o bacterias como la legionella.
  • Asbestos. 6 minerales fibrosos que aparecen de manera natural en el medio ambiente (amosita, crisotilo, crocidolita y las variedades fibrosas de la tremolita, actinolita y antofilita).Usados en una gran cantidad de materiales de construcción.
  • Ozono. Gas producido por una reacción química entre óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles en presencia de luz solar.
  • Temperatura. Una temperatura ambiente demasiado elevada puede provocar una respuesta insuficiente en el sistema termorregulador humano.
  • Productos de uso doméstico. Multitud de productos de uso cotidiano como pinturas, disolventes, limpiadores, desinfectantes, ambientadores, combustible almacenado, plaguicidas etc.

 

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Fuentes

Vista la gran variedad de contaminantes que nos podemos encontrar en el interior de los edificios, nos parece interesante hacer una breve clasificación que explique las fuentes de las que proceden todos estos contaminantes. Las fuentes se pueden clasificar genéricamente en dos tipos, las fuentes primarias, presentes en el interior del edificio, y las fuentes secundarias, que serían los procesos químicos que transforman los contaminantes emitidos por las fuentes primarias, dando lugar a nuevos contaminantes, o contaminantes secundarios.

Fuentes primarias:

  • Humo del tabaco. Contaminante en sí mismo y fuente de otros muchos contaminantes.
  • Agua y humedades. Contribuye a la presencia de hongos y bacterias.
  • Materiales de construcción y mobiliario. Fuente de compuestos orgánicos y asbestos.
  • Combustibles fósiles. Fuente de exposición a partículas y compuestos orgánicos peligrosos.
  • Productos químicos domésticos. Usados en limpieza, desinfección, ambientadores, fragancias, adhesivos, pinturas, aislantes etc.
  • Control de plagas. Fuente de contaminación química, ya sea doméstica o profesional.
  • Calefacción, ventilación y aire acondicionado. El mal diseño o mantenimiento puede originar partículas y bacterias e incluso introducir aire sucio en el interior.
  • Aire contaminado procedente del exterior. Introduce partículas, humo, polvo y gases además de contaminantes naturales como polen, ácaros, esporas etc.
  • Gases procedentes del suelo. Principalmente el radón, aunque pueden también proceder de usos anteriores.
  • Actividades de redecoración, remodelación y reparación. El pintado, aislamiento, impermeabilización y el nuevo mobiliario introducen nuevos contaminantes y generan otros.
  • Condiciones no sanitarias. Inadecuado mantenimiento y limpieza.
  • Uso de productos como disolventes, tinta para impresoras, desinfectantes etc. Por eso tiene especial relevancia en edificios de oficinas, hospitales, colegios…
  • Olor corporal, cosméticos y dióxido de carbono.
  • Eventos accidentales. Utilización y almacenamiento de sustancias químicas peligrosas, de relevancia en oficinas, hospitales y laboratorios.

Fuentes secundarias

  • Son los procesos químicos que transforman los contaminantes emitidos por las fuentes primarias, dando lugar a otros nuevos, los contaminantes secundarios. Pueden originarse en fase gaseosa o en superficie

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Normativa

Lógicamente la necesidad de mejorar y controlar la calidad del aire interior ha dado lugar a mucha normativa de obligado cumplimiento que afecta tanto a la forma de construir los edificios como a los materiales utilizados y a las instalaciones que albergan de calefacción, climatización, refrigeración, ventilación etc.

La principal norma que regula la edificación en España es el Código Técnico de la Edificación (CTE) y en este ya se contemplan muchas exigencias relacionadas con la calidad del aire interior (calefacción, ventilación…). Concretamente el CTE incluye un apartado, el DB HS 3, dedicado exclusivamente a este tema y titulado “Calidad del aire interior”.

Existe un documento vital, el reglamento de instalaciones térmicas en los edificios (RITE), que establece las condiciones que deben cumplir las instalaciones destinadas a atender la demanda de bienestar térmico e higiene a través de las instalaciones de calefacción, climatización y agua caliente sanitaria (ACS). Todo el reglamento tiene un enfoque claramente medioambiental, con medidas que buscan por un lado la mejora de la calidad del aire interior y por otro la lucha contra el cambio climático.

Además existe multitud de legislación, de ámbito estatal en unos casos y autonómico o local en otros, encaminada a la mejora de la calidad del aire interior. Sirva como ejemplo la normativa de habitabilidad de Galicia (NHV10) que obliga a la construcción de un forjado sanitario ventilado para la eliminación del gas radón,  las leyes antitabaco de los últimos años, que limitan su uso en multitud de lugares públicos, las leyes de seguridad y salud en el trabajo, la prohibición del uso del amianto en la construcción y en general multitud de leyes de ámbito sectorial que regulan cada vez más las condiciones mínimas que debe tener el aire interior de los edificios.

 

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Estrategias

Hasta ahora hemos descrito cuales son los contaminantes del aire interior de los edificios y hemos identificado cuales son las fuentes de donde provienen esos contaminantes. Ahora habría que explicar cómo se puede evitar esta contaminación.

Para ello es importante conocer cuáles son las causas más habituales por las que se diagnostica un síndrome del edificio enfermo. Estas causas están a día de hoy perfectamente identificadas y, lo que es más importante, perfectamente cuantificadas. Son las que se describen y cuantifican a continuación.

  • Ventilación insuficiente por mal diseño o mal mantenimiento (50-52%)
  • Contaminación generada en el interior (17-19%)
  • Contaminación procedente del exterior (11%)
  • Contaminación microbiológica (5%)
  • Compuestos orgánicos volátiles (3-4%)

La simple lectura del listado de las causas de la mala calidad del aire interior y sus porcentajes, nos encamina inexorablemente a la ventilación como estrategia principal para el adecuado control de la calidad del aire interior. Sin duda la medida más importante será la adecuada ventilación, que incluya además un correcto filtrado del aire que entra del exterior. Pero lógicamente no será la ventilación la única medida que podemos tomar para conseguirlo.

En realidad para conseguir un adecuado control de la calidad del aire interior se pueden tomar medidas encaminadas a actuar sobre tres factores determinantes.

  • La fuente de contaminación. Materiales, productos domésticos y hábitos.
  • El medio de dispersión de los contaminantes. Mediante la ventilación y limpieza.
  • El receptor. Limitando o evitando la exposición.

Teniendo en cuenta todo esto podríamos hacer un resumen de cuáles serían las recomendaciones para conseguir el objetivo de mejorar la calidad del aire interior de los edificios.

  • Reducir la exposición
  • Ventilación adecuada, incluyendo el correcto filtrado del aire renovado.
  • No fumar
  • Refrigeración en determinadas áreas geográficas.
  • Desarrollo de medidas en los códigos constructivos (aislar los garajes de los lugares de trabajo y viviendas, respetar los tiempos para la dispersión de los materiales contaminantes que emanan de los materiales de construcción, uso de aislamientos adecuados, prohibición de productos con compuestos orgánicos volátiles etc.)

Queda por tanto muy claro que el factor sobre el que podemos actuar de manera más sencilla y con resultados inmediatos es en la ventilación.

 

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Ventilación

Como ha quedado expuesto, la ventilación se convierte en el arma fundamental para una mejora de la calidad del aire interior, y para que esta ventilación sea correcta deberá ser mecánica y completamente automatizada, sin depender de la manipulación humana para su funcionamiento. Otra característica que deberá tener la ventilación será el doble flujo, es decir, que en aire procedente del exterior se intercambia con el aire que extraemos del interior, recuperando gran parte de las calorías o frigorías de este, en función de la época del año, con el consiguiente ahorro energético. Además los equipos de ventilación deberán incorporar los filtros necesarios para eliminar los elementos contaminantes presentes en el aire procedente del exterior.

Los sistemas de ventilación serán diferentes por tanto, en función del tipo de edificio en el que se instalen, fundamentalmente en cuanto al tamaño y la potencia de las máquinas en función del volumen del edifico y de la ocupación del mismo y del tipo de actividad que se realice en él, pero en todo caso deberá tratarse de una ventilación mecánica, de doble flujo, con intercambiador de calor y dotado de los filtros adecuados en función de los contaminantes existentes en el entorno del edificio. No serán iguales los equipos empleados para ventilar una vivienda unifamiliar, que los empleados para ventilar un restaurante, un colegio o un hospital, pero el principio de funcionamiento sí será el mismo, variando únicamente su potencia para adaptarla  al tipo de edifico.

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Compuestos orgánicos volátiles (COV)

Para terminar nos gustaría hacer hincapié en este apartado, ya que consideramos que la construcción se encamina poco a poco a la utilización de materiales y productos exentos de este tipo de compuestos, de hecho ya son exigidos para la obtención de determinados sellos de construcción más eficiente, saludable y respetuosa con el medio ambiente, como pueden ser los certificados Breeam, Leed o Passivhaus.

Como ya hemos explicado con anterioridad los compuestos orgánicos volátiles son compuestos químicos y biológicos caracterizados por su gran volatilidad, o capacidad para pasar  a fase gaseosa. Los principales de los que están presentes en el aire interior son el Formaldehido, Benzeno, Naftaleno, Xaleno, Tolueno y Estireno.

La concentración de estos compuestos es hasta 10 veces superior en el interior de los edificios que en el exterior y la larga exposición a ellos es perjudicial para la salud, además de unos de los factores causantes del síndrome del edificio enfermo, tal y como hemos explicado con anterioridad.

Por ello consideramos muy importante la paulatina eliminación de estos compuestos del interior de los edificios y en ello está encaminada la mayoría de la legislación actual. El fin sería que en un futuro cercano la construcción elimine por completo el uso de materiales y productos que contengan estos compuestos, pero por el momento todavía vivimos en edificios en los que están presentes estos compuestos al formar parte de muchos materiales de construcción y de muchos productos de uso común en hogares y todo tipo de edificios , como pinturas, pegamentos, conservantes de la madera, aerosoles, productos de limpieza, ambientadores, combustibles almacenados, pesticidas, tintas de impresoras etc.

Se pueden tener en cuenta algunas recomendaciones para reducir la presencia de estos componentes:

  • Aumentar la ventilación al usar productos con estos componentes.
  • Seguir las indicaciones de las etiquetas y el fabricante.
  • No almacenar pinturas y combustibles.
  • Eliminar los productos con formaldehido.
  • Reducir la necesidad de uso de pesticidas.
  • Utilización de plantas de interior que reducen la concentración de estos compuestos en el aire.